Cuidado
con el cloro de la piscina en la que se divierte su
hijo.
Un estudio médico de dos universidades belgas ha concluido
que existe un vínculo entre el cloro que se utiliza en las
piscinas y las enfermedades pulmonares en bebés y niños de
corta edad con propensión al asma que frecuentan
regularmente estas instalaciones.
La polémica sobre los
eventuales efectos nocivos del cloro reapareció a finales de
abril en Bélgica, tres años después de que las autoridades
rebatieran esta tesis con otros trabajos médicos, a raíz de
la publicación del estudio dirigido por el profesor Alfred
Bernard, de la Unidad de Toxicología de la Universidad
Católica de Lovaina, y encargado por el Instituto Bruselense
para la Gestión del Medio Ambiente.
El nuevo informe (disponible
en francés en la dirección de internet
www.ibgebim.be) se basa
en el seguimiento y las pruebas realizadas con un grupo de
niños de la región de Bruselas y concluye que se produce un
aumento significativo de los riesgos de asma y de
inflamación pulmonar cuando se frecuenta con asiduidad una
piscina con cloro.
Según el profesor Bernard,
un niño propenso a esas afecciones que acude durante dos
años a razón de una hora por semana a una piscina clorada ve
aumentar este riesgo un 60%. Si los niños son menores de dos
años, el riesgo es mayor, advierte el estudio. A esta edad
existe una clara diferencia entre los niños que han
frecuentado con asiduidad una piscina de estas
características y quienes no lo han hecho. El riesgo de
diagnóstico de asma es mucho más alto en los niños con
edades inferiores a dos años, así como el de padecer
bronquitis, eccemas y síntomas respiratorios como la
opresión torácica.
El estudio, sin embargo, no
desaconseja dejar de llevar a los niños a la piscina pero sí
recomienda a los padres que escojan bien las instalaciones:
"Una piscina con un débil olor a cloro y equipada con un
sistema de ventilación eficaz y de eliminación de las
cloraminas en el agua". Son disposiciones que integran la
mayoría de legislaciones de los países europeos pero la
práctica varía mucho y los controles no son lo exhaustivos
que debieran ser, al menos en Bélgica, que es uno de los
países que más en serio se ha tomado este asunto, objeto de
polémica científica y poltica desde 2001 debido a la
toxicidad de la tricloramina, una sustancia altamente
concentrada en el cloro.
Fuente:
revista consumer.es
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