Humedad en los muros y por capilaridad.

El problema de la humedad en los paramentos verticales provocada tanto por el ascenso capilar del agua del terreno como por la presencia de infiltraciones, provoca el deterioro de los muros y del edificio en su conjunto, reduciendo las propiedades de aislamiento térmico de las estructuras y … de los materiales de construcción. El fenómeno se manifiesta con la escasa adherencia de la pintura y, en los casos más graves, con el desprendimiento del enlucido. Además, la humedad de las paredes contribuye a la formación de manchas de salitre en la superficie, mohos y olores desagradables en el interior de las viviendas que crean un microclima perjudicial y peligroso para la salud.

[bctt tweet=”La humedad en los muros es un problema de fácil solución” username=”ComerciaLlinas”]

 

Los síntomas más evidentes de este problema que determinan un escaso nivel de confort en las viviendas se manifiestan visualmente con:

• desintegración pulverulenta de la superficie.
• afloración de salitre.
mohos y algas.
• desprendimiento del acabado.
• deterioro y desconchado de los enlucidos.

La elevada humedad de las paredes determina una reducción del confort en las viviendas que se intenta compensar erróneamente con un mayor derroche de
energía aumentando la calefacción durante el período invernal y acondicionamiento durante el verano. La humedad debida a la excesiva condensación y la
penetración de las aguas meteóricas representan un problema que se puede definir “variable” porque depende directamente de los eventos meteorológicos y climáticos. La humedad ascendente por capilaridad, en cambio, representa un problema más constante en el tiempo, con efectos más impactantes para el coste económico y en el arco de vida del edificio.

Causas principales de la humedad en los muros:

CONDENSACIÓN EXCESIVA
Las causas de la condensación excesiva del agua sobre la superficie de los muros dependen a menudo de un aislamiento térmico incorrecto (puentes térmicos) o de una humedad excesiva en los ambientes internos provocada por la ausencia de ventilación o por un sistema de calefacción de dimensiones incorrectas.

PENETRACIÓN DE LAS AGUAS METEÓRICAS
Los daños provocados por la penetración de las aguas meteóricas, identificada también como humedad descendiente, dependen del contacto directo de los muros
con el agua de lluvia, la cual, por errores de proyecto o infiltraciones, penetra y se estanca. El agua puede empapar las paredes también infiltrándose desde el tejado y en las membranas de las terrazas mediante pérdidas de las bajadas de aguas pluviales. Las aguas meteóricas pueden disolver las sales presentes
en los materiales de construcción y crear depósitos y eflorescencias.

HUMEDAD ASCENDENTE POR CAPILARIDAD
La absorción capilar de la humedad, llamada también humedad ascendente, se debe al contacto directo de la parte inferior de los muros con el agua o terrenos húmedos. La gravedad del fenómeno de ascenso por capilaridad depende también del tamaño de los poros del material utilizado.
El fenómeno es más grave en los materiales que presentan poros de 1 a 5 μm, por ejemplo, los ladrillos y los morteros. En los materiales con poros de dimensiones inferiores, el agua, aún pudiendo alcanzar alturas elevadas, presenta una velocidad ascendente menos acentuada.
Por último, frente a materiales que presentan poros con dimensiones que superan los 100 μm, la altura ascendente es insignificante, ya que la depresión que se manifiesta en el interior del poro es insignificante. (La depresión es la fuerza producida por la acción de capilaridad por la cual los poros atraen el agua en su interior). La fuerza de capilaridad podría empujar el agua en el interior de los muros hasta alturas que superan los 10 metros.
Por lo general, esto no se verifica y el nivel de humedad visible alcanza 1 y 2 m porque el empuje del agua hacia arriba está contrastado por la fuerza de evaporación del agua. Cuando las condiciones ambientales son constantes, el ascenso capilar alcanza un valor de equilibrio vinculado por la capacidad del material de absorber el agua y por a velocidad con que se elimina mediante evaporación. El fenómeno de la humedad ascendente es responsable
de la aparición de eflorescencias en los enlucidos. Esto determina el efecto del “arrastre” por parte del agua de sales solubles que, desde el terreno o desde las zonas más internas de los muros, migran hacia el exterior. En presencia de ambientes poco ventilados las sales se depositan bajo forma de eflorescencias. Al contrario, sobre superficies bien ventiladas y con bajos valores de humedad relativa, habrá una elevada velocidad de evaporación del agua, todavía antes de alcanzar las capas externas; las sales se cristalizarán en el enlucido. La duración del fenómeno de cristalización en el tiempo genera el aumento del volumen de los cristales de sal que, expandiéndose, originan tensiones. Estas tensiones pueden provocar el desprendimiento de porciones de acabado o de capas de enlucido.

EL DETERIORO
El agua que permanece en la mampostería se puede manifestar con distintos tipos de deterioro:

Deterioro de tipo físico. En un mortero fresco, la formación de cristales de hielo crea una porosidad excesiva. Con el aumento de la temperatura y el derretido del hielo, el mortero se volverá poroso y frágil. En un mortero maduro, cuando el agua que queda en su interior sufre una fuerte disminución de temperatura, aumenta su volumen convirtiéndose en hielo. Los shocks térmicos provocados por la reiteración de los ciclos de hielo-deshielo provocan rajaduras y cuarteados formados por la fuerza de expansión del agua durante la helada.

Deterioro por infestación biológica. Un soporte constantemente húmedo se convierte en un hábitat favorable para la proliferación de organismos como
musgos, líquenes, algas y mohos. Estos microorganismos en el exterior pueden determinar la destrucción del material de construcción y en el interior la reducción del confort de la vivienda.

Deterioro de las prestaciones térmicas. El agua es un conductor térmico más eficaz respecto al aire, cuando se estanca excesivamente en los muros, aumenta
la dispersión térmica reduciendo el poder aislante de la estructura. Un muro húmedo, comparado con un muro seco, pierde del 30 al 50% de su poder aislante.

Deterioro de tipo químico. Un exceso de agua en el muro incorpora, no sólo las sales solubles presentes en los morteros, sino que recoge también los agentes químicos agresivos presentes en la atmósfera como anhídrido sulfuroso o carbónico. La interacción de la substancia disuelta con los ligantes calcáreos, la cal y el
carbonato de calcio presentes en el enlucido, los hace más solubles y determina un rápido deterioro de la consistencia de la mampostería.

Información publicada por: san-marco.it

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